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26 de junio de 2026

El día en que la tierra rugió y el alma del mundo se unió: ¡Fuerza, Venezuela!

Si me conocen de verdad, saben que este espacio siempre ha sido un rincón para celebrar la vida, para hablar del sabor de la calle, de los viajes y de esa sazón que nos alegra el corazón. Pero hoy no se puede. Hoy tengo el alma arrugada, un nudo amargo en la garganta y el corazón chiquitito. El pasado miércoles 24 de junio, la tierra rugió con una furia desalmada en nuestra hermana Venezuela, y el golpe no solo sacudió sus calles; se nos clavó en el pecho a todos, en cualquier rincón del mundo donde palpite un poquito de humanidad.

El día en que la tierra rugió y el alma del mundo se unió: ¡Fuerza, Venezuela!

No me gusta hablar con la frialdad de los números, pero hay dolores que hay que medir para entender la tragedia: dos sismos brutales e implacables, de magnitud 7.2 y 7.5, golpearon en cadena. Los datos que nos llegan rompen el alma: al menos 235 vidas apagadas, más de 4,300 heridos y una cifra que hiela la sangre, que no deja dormir... cerca de 40,000 personas que aún no han sido ubicadas.

Las escandalosas imágenes que hoy inundan las pantallas nos muestran una devastación absoluta, de esas que quitan el aliento. Ver los videos de estructuras residenciales de más de 20 pisos colapsando por completo en zonas como Altamira y Los Palos Grandes en Caracas, escuchar los gritos en la penumbra por los cortes totales de energía, y ver la desesperación descarnada de madres y padres escarbando los escombros con sus propias manos... es un dolor colectivo que nos golpea a nivel mundial.

El eco de una vieja herida: 1967 y los fantasmas del pasado

Quienes guardan memoria o han escuchado los relatos de los abuelos no pueden evitar sentir un escalofrío helado recorriéndoles la espalda. Es imposible no mirar atrás y ver el reflejo trágico del Terremoto de Caracas de 1967. Aquel fatídico 29 de julio, la capital venezolana sufrió un latigazo casi idéntico: un sismo que ensañó su fuerza destruyendo edificios emblemáticos exactamente en los mismos sectores de Altamira y Los Palos Grandes, cobrándose la vida de más de 230 personas.

Hoy, casi seis décadas después, la historia parece repetirse con una crueldad infinita, tocando las mismas heridas abiertas y despertando a los mismos fantasmas. Es como si el suelo recordara el dolor, pero también nos recuerda que de ese mismo polvo la gente se volvió a levantar.

La hermandad azteca: Los "Topos" viajan hacia las entrañas del dolor

Pero escúchenme bien: si algo nos caracteriza a los latinos, y a la gente buena de este planeta, es que cuando el dolor nos sacude el suelo, la solidaridad nos hace volar. En los momentos de mayor oscuridad es cuando la luz de la empatía humana brilla con más fuerza. ¡Y aquí es donde se me sale el orgullo y las lágrimas! Porque México no se queda mirando desde la distancia.

Esta misma noche, rompiendo el cielo hacia Venezuela, viajan los legendarios "Topos" mexicanos. Esos héroes con alma de hierro y manos de ángel que nacieron precisamente del barro y la tragedia de los peores terremotos en México. Son hombres y mujeres que no le temen a la muerte, que se meten literalmente en las entrañas del concreto colapsado, arriesgando la vida por un solo motivo: escuchar un suspiro, un hilo de voz, y traer de vuelta la vida donde parece que ya no queda nada. Su llegada no es solo apoyo técnico; es una inyección de esperanza pura directo al corazón de las miles de familias que rezan por un milagro bajo las piedras.

Un puente de amor que abraza al mundo

Frente al rugido de la tierra, el mundo ha respondido con un rugido de amor. La ayuda internacional se está convirtiendo en un despliegue de generosidad que no entiende de fronteras ni de banderas políticas:

  • Estados Unidos: Se ha sumado a la emergencia movilizando a través del Comando Sur dos buques de guerra, helicópteros y aviones de transporte para dar servicios especializados de movilidad, soporte logístico y rescate en las zonas más críticas.

  • Latinoamérica y el Mundo entero: Desde los países vecinos ya se siente el abrazo. Brigadas de rescatistas, bomberos autónomos, perros de rescate entrenados para hallar vida en el silencio, toneladas de asistencia humanitaria, medicinas y alimentos viajan a contrarreloj. La Cruz Roja Internacional y miles de almas voluntarias se están fundiendo en un solo bloque porque la salud y el rescate de un ser humano están por encima de cualquier diferencia.

Unas palabras desde el corazón de Javielito:

A toda mi gente hermosa de Venezuela: hoy las palabras se sienten frágiles, pero el amor que les mandamos es inquebrantable. Un pueblo tan noble, que nos ha arrullado tantas veces con su calidez, que te recibe en su casa con una sonrisa, que te ofrece lo que tiene y te abraza con esa alegría caribeña tan suya, ¡no está solo!

Ver a los Topos de México volar esta noche para unirse a los rescatistas locales me confirma lo que siempre les escribo en este blog: compartimos el mismo ADN. Nos une la misma sangre solidaria. La tierra puede temblar, puede agrietar el suelo y derribar el cemento más fuerte, pero jamás, escúchenme bien, jamás va a poder tumbar la fuerza de su gente ni los puentes de amor que nos amarran a ustedes. Hoy no somos extraños; hoy todos somos parte de la familia venezolana. Los sostenemos con el alma en la distancia. ¡Mucha fuerza, hermanos, que de esta nos levantamos juntos!

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